lunes, 10 de mayo de 2010

LA HIJA DEL CAPITAN. Parte 4


Ya va tomando forma el desafío. Aunque casi se hecha todo a perder.

Convinimos en batirnos detrás de los almirales que había cerca de la fortaleza, y encontrarnos allí a las siete de la mañana. Nuestra conversación fue en apariencia tan cordial que Iván Ignátich, de contento, se fue de la lengua.

- Si ya lo sabía yo – exclamó con aire satisfecho -. Vale más una mala paz que una buena pelea y al honor no le estorba la salud.

- ¿Qué pasa, Iván Ignátich? – preguntó la mujer del comandante, que estaba haciendo un solitario en un rincón de la estancia -; no te he oído.

Como advirtiera en mis señales de disgusto y recordando su promesa, Iván Ignátich se desconcertó y no supo que contestar. Shvabrin acudió en su ayuda.

- Iván Ignátich aprueba nuestra reconciliación.

- Pero ¿con quién te habías enemistado?

- Hemos tenido una disputa bastante violenta Piotr Andréyevich y yo.

- ¿Y por qué?

- Por una verdadera tontería: por una cancioncilla, Vasilisa Yegórovna.

- ¡Pues vaya un motivo! ¡Una cancioncilla!... ¿Y cómo ha sido eso?

- Ocurrió lo siguiente: Piotr Andreyévich compuso hace unos días una canción, y hoy ha venido a cantármela. Después de oírla, he empezado a entonar mi estribillo:

Hija del capitán / no salgas a medianoche.

Surgió la disputa, Piotr Andreyévich se molestó, pero luego, comprendiendo que cada cual es libre de cantar lo que le plazca, quedó zanjeada la cuestión.

La desvergüenza de Shvabrin estuvo a punto de enfurecerme; nadie, excepto yo, comprendió sus equívocas alusiones; por lo menos, nadie reparó en ellas. De la cancioncilla pasó la conversación a los poetas; el comandante declaró que eran todos unos perdidos y unos borrachos, aconsejándome, como amigo, que abandonase la poesía, que era cosa contraria al servicio y que no podía conducirme a nada bueno.

La presencia de Shvabrin me resultaba insoportable, y no tardé en despedirme del comandante y de su familia. Al llegar a casa examiné mi espada, probé la punta y me eché a dormir, después de ordenar a Savélich que me despertase a las siete.

6 comentarios:

Madame Minuet dijo...

Veo que sigue usted enganchado a esta historia, tan de su estilo por otra parte.

Espero que tenga un feliz comienzo de semana, monsieur Dubois.

Bisous

AKASHA B. dijo...

ya ansío leer en qué queda la cosa, aunque me agradan más los duelos con pistola... pero en fin, un duelo es un duelo. Animo con la historia y ya ve, caballero, que me tiene enganchada. Saludos

Lady Darcy dijo...

Pparece que se acerca la hora del duelo, y con lo que me gustan los duelos de espadas, me parecen más emocionantes.
Saludos Monsieur.

Dubois dijo...

Mme Minuet: si que está interesante, elegí ir de a poco y que se aprecie el contexto.

Mme Akasha: verá que el desenlace le gustará. En las encuestas que hice ganó la preferencia por los duelos a espada, pero todos tienen su encant.

Mme Darcy: Si si si, se acerca la hora, verá que no quedará defraudada.

Saludos!

moda capital dijo...

Hola, gracias por pasarte siempre por mi blog y por tus comentarios tan lindos, me he leido toditito , que interesante , ya quiero leer más... saludos desde México!

Lucy dijo...

gracias por tu comentario, tu blog me a parecido interesante, aún no lo he podido leer pero te sigo y ya encontrare un tiempo.

besos